PERSONAJES DE LA NOVELA

La novela tiene antiguos personajes que ya aparecieron en la primera entrega, MANILA HOTEL, y otros nuevos. Todos o han existido o podrían haber existido, la ficción y la interpretación de la realidad permiten esta disyuntiva. Lo importante es que den idea del elenco de los Infinitos nombres del diablo.

Los textos en cursiva pertenecen a páginas de la novela.

Roberto Camperol i Maduxa

Robert Camperol o Roberto Camperol Maduxa, como anunciaba su documento de identidad y su antiguo carnet de falangista, tenía la cara redonda y una papada que partía insolente de su barbilla ocultando parte de su cuello. Los ojos, de color pardo, eran dos líneas  excesivamente almendradas semiocultas entre las pobladas cejas y las excesivas bolsas de las ojeras; dos puñaladas en un tomate. Lo más correcto de su rostro era la nariz romana, que en su juventud fue lo más atractivo de su cara, junto a un mentón rectangular y desafiante, desaparecido ahora por la carnosidad del papado. Su pelo era lacio, todavía oscuro y abundante, peinado hacia atrás, con raya central, como en sus días de la España eterna.

Jordi Brotons o JB

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Enrique María Ripoll

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Mique Torras (Gabriele)

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Mi interlocutor tenía una gran envergadura, rostro simétrico, cuello poderoso, frente despejada y una gran cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda. Llevaba el pelo corto y lucía un afeitado perfecto. Las manos eran lo más atrayente de su físico, de dedos largos, uñas bien cortadas, parecía recién salido de la manicura; eran unas manos grandes, de misionero, de artista… o de estrangulador

Caminé unos metros a la espera de que mi perseguidor alcanzará el haz de luz y su alargada sombra se extendiera hasta mi altura. Me paré en seco y giré sobre mis talones. Allí estaba mi husmeador, bajo el embozo protector de un sombrero de cinta negra. Vestía un traje cruzado de mil rayas, camisa oscura y clériman; sus delatores zapatos brillaron a la luz del fanal.

Ruth

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Hermano Herman o Hermann inclusis

Monjes Benedictinos

Al margen de las vicisitudes políticas, los Benedictinos del monasterio dePodlažice se preparan para realizar un juicio a uno de sus monjes, se trata del hermano Herman. El mismísimo Abad presidirá el acto. La regla de San Benito es muy clara y rigurosa. Uno de los pecados que van contra la normas establecidas es el de la vanidad y el monje Herman es un ser extremadamente vanidoso y pagado de sí mismo, tanto, que en sus manifestaciones roza la blasfemia. Pocos monjes le reconocen ahora sus grandes méritos como amanuense, copista e ilustrador, pecando también, aunque traten de ocultarlo con palabras piadosas, de envidia y de impiedad. Podlažice no es un gran monasterio, los monjes benedictinos que allí habitan no están llamados a realizar grandes obras que perduren en el tiempo, por eso son un tanto miserables y el encausamiento de su hermano les proporciona un motivo de distracción y de soterrada venganza.

El Codex Gigas o la Biblia del diablo

El Codex Gigas, es también un personaje “importante” de la novela

Herman el monje, o Hermann inclusis, como le llamaba el resto del monasterio, se desplomó agotado sobre la hoja que acababa de terminar, no sabía ni qué hora era ni en qué fecha estaba. Había permanecido mucho, muchísimo tiempo encerrado en su celda escribiendo, copiando de otros libros, ilustrando y dibujando el gran libro. Un códice gigante que contenía toda la sabiduría humana y que tenía unas proporciones extraordinarias. Con tremendo esfuerzo depositó en el suelo de su celda el último cuadernillo. Lo acarició, era el postrer capítulo con el contenido de todos los libros y sabidurías que la Orden Benedictina le había proporcionado

Hipathia

Mi amiga la bibliotecaria de Egipcíacas con su acostumbrada eficacia me había adelantado las características más conocidas y generales del Codex Gigas, y  prometido investigar más sobre el librote. La conocía desde que era un crío y ella una joven esbelta de apenas veinte años, que nos hacia enseñar las manos para comprobar si las llevábamos limpias antes de entregarnos un libro. A mis once años la veía como una mujer mayor y sólo me interesaba porque era el hada que me proporcionaba todas aquellas maravillas de Emilio Salgari, Daniel Defoe, Walter Scott, Julio Verne, Mark Twain o Jack London. A los quince mi percepción de la guapa archivera había cambiado por completo, al igual que mis autores de entonces los Ernest Hemingway, Conan Doyle, Morris West, Mika Waltari o la autora Vicki Baum, que describía el atractivo mundo de los hoteles de una forma magnífica.

Felix Nogal

Félix Nogal era un viejo amigo, delgado, fibroso, bastante alto, de rostro noble con un poblado mostacho que le cruzaba el labio superior casi ocultándolo. Desconocía su edad, pero por su interesante conversación y las historias que me contaba, pasaba de los cincuenta, aunque su apariencia era más jovial y conservaba todo el pelo que acostumbraba a llevar revuelto como un niño travieso; pero con estilo propio. Pinta y manos de artista bohemio y alma de mago. Porque Félix Nogal innovaba con sus intuiciones y premoniciones cualquier suposición o prejuicio

Ramón Guardans

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Ramón Guardans tenía la mirada penetrante y decidida, de estatura media, buen gourmet, con cierta tendencia a engordar, eran numerosos sus compromisos y responsabilidades en Banesto y en Tabacos de Filipinas que terminaban frente a una buena mesa. En sus años mozos, cuando era un brillante abogado, paseaba su palmito por la Barcelona franquista, hasta que en un viaje a Buenos Aires conoció a Helena Cambó, la hija de político Francesc Cambó, y regresó casado con ella, como administrador de sus bienes y adalid de la memoria del que hubiese sido su suegro. Sus catorce hijos con Helena, su cuantiosa fortuna y sus grandes contactos con el nuevo nacionalismo, le convertían en el supernumerario perfecto.

Alfonso Balcells Gorina

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Alfonso Balcells no le iba a la zaga, alto, elegante, peinado hacia atrás, parecía más un actor de teatro que médico. Escritor, brillante orador, catedrático, rector durante años de la Universidad de Salamanca, ahora catedrático de Patología General de la Facultad de Medicina de Barcelona. En cuanto al tercer hombre, no teníamos ni idea de quién era, la sagacidad de Ripoll descubrió que se trataba de un pilar importante de la Obra.Se había alistado voluntario en el ejército republicano, para poder pasarse al franquista en cuanto tuvo ocasión. No me dejé impresionar por tan influyente cónclave y lancé la primera pregunta.

Jaime Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma
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Apareció por el hotel mi amigo Jaime Gil de Biedma, se marchaba el lunes siguiente a Filipinas por cuestiones de trabajo. Era sábado por la noche y vino a buscarme para darnos una vuelta por las nocturnidades condales. Dudé un  poco porque con Jaime y sus amigos la cosa podía acabar entre las cuatro y las seis de la mañana o perderse misteriosamente a la media hora y dejarte tirado.

  • Venga, Jordi, ¡qué la vida va en serio!
  • De acuerdo, Jaime, tienes que detallarme eso de Nihilismo.
  • Coño, eso es fácil. Pasa de todo…

Eulalia Camperol (Lilith)

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Foto Marta Bevaqua
  • Sabes, señorita Camperol, que desconozco tu nombre de pila.
  • Me llamo Lilith – dijo, al entrar en el recibidor.
  • No me extraña, me lo imaginaba, pero ¿qué pone en tu carnet de identidad?

Sonrió al entrar en el salón y no contuvo sus siguientes besos, como queriendo darle misterio a su respuesta. Al llegar al dormitorio me miró fijamente a los ojos.

  • Eulalia, mis amigos me llaman Lilí… y mis amantes de muchas formas.
  • ¿No me habías prometido un whisky? – dije, al verla lanzarse a mis brazos como si no hubiese un mañana.
  • Después podrás beberte la botella entera, ahora tenemos que descubrir el sentido de la vida.

María Dolores Boadas

  • Toma cariño, mi mejor Dry, nueve partes de ginebra, una de vermut seco, mucho hielo y mi toque mágico – le dijo a Lilith.  Y para ti, tu J&B. Tienes suerte de que me recomiendas a los clientes del hotel, si no, no te serviría ni una cerveza  – dijo con fingido desdén y guiñándole un ojo a Lilith.

Boadas era una coctelería de la calle Tallers, a pocos metros de Las Ramblas y a tiro de piedra del Manila. Era un local pequeño y entrañable, de forma triangular, en el que José Luis y su esposa, María Dolores, hija del fundador Boadas,  ejercían de anfitriones. Nos sentamos en los dos taburetes de la barra principal que formaban el vértice del triángulo. Nos atendió la mestressa en persona.

Ramón Pagés i Pagés

Ramón Pagés i Pagés se enderezó en su butacón, era un hombre de aspecto tímido, de cabeza cónica, orejas pequeñas y pegadas a la cabeza, nariz chata y labios delgados, parecía un rostro todavía sin terminar; inacabado. Echó un vistazo a sus dos compañeros como pidiendo su aprobación, luego me miró fijamente y estiró el cuello como si la camisa le molestara.

Sergio Congost

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Ahora entendía muchas cosas, el gran amor de Lilith era el hijo de María y de alguno de los personajes del quinteto, incluido Robert Camperol. Leí el contenido de la misiva donde Eulalia Camperol repetía la exposición de sus sentimientos y no comprendía su actitud cobarde.

Sergio Congost era un tipo alto, de anchas espaldas y rostro atractivo, podía pasar por un galán de cine. No aparentaba los treinta y dos años que tenía, parecía un jovencito recién salido de la facultad. Tenía el pelo moreno, algo ondulado, con prematuras entradas. Una pequeña cicatriz en la frente y su estampa, le daban un aire de luchador o de gladiador.

Albert Gassiot

Era un tipo de unos cincuenta años, delgado y aparentemente fibroso, de estatura superior a la media, rostro alargado, de agresivos ojos pardos que protegía bajo los cristales de unas gafas de pasta cabalgando sobre una prominente nariz. Boca grande y labios gruesos que separaba con un chasquido cada vez que empezaba la frase. Destacaban sus grandes manos de luengos dedos huesudos y algo deformes, uñas excesivamente largas, aunque cuidadas, las de los meñiques superaban a sus hermanas

Joan Deulovol

Fotografía de Milagros Caturla

El pretendiente a arzobispo, antiguo falangista, nuevo nacionalista e impune violador y asesino, sintió miedo por primera vez en muchos años. Retrocedió unos metros y su coxis tropezó con su mesa de archivero. Una bandeja que soportaba un tintero, algunas plumas y media docena de lápices tembló con el golpe.

Casi no hubo lucha, la garganta sebosa de Deulovol se abrió como la boca de una hucha de arcilla por donde manó la sangre en abundancia. El ficus recibió las salpicaduras del rojo elemento y se manchó con la sangre de su custodio.  El homicida se aupó sobre el cuerpo de su víctima. Su mirada se dirigió hacia un escudo decorativo colgado en la pared de enfrente…

Grover Cleveland Backster

Backster era dueño de una planta ornamental que él mismo cuidaba. Ensayó conectarla al polígrafo e imaginar que la iba a quemar, las lecturas se salieron de la tabla como una respuesta de estrés a su intención de dañarla. Luego Backster decidió, mentalmente, no hacerlo y a pesar de acercarse con una cerilla a la planta, esta había detectado las verdaderas intenciones de Backster y no provocó ninguna señal.

Carles Gabaldá i Flores

Libro de exorcismos

Decidimos resolver de una vez el misterio antes de que Gabaldá fuese asesinado. Era más una cuestión policial y humana que apego por salvar la vida del personaje en cuestión. Le propuse a Ripoll una reunión sin límite de tiempo y contar con la presencia de Félix Nogal para las aportaciones extrasensoriales. Nos sentamos los tres en mi despacho en sendos butacones, teníamos que estar cómodos y bien pertrechados para un largo debate.

…Sus nietos jugaban en la piscina, sus hijos hablaban de negocios que sólo podían proyectar gracias a papá, lo hacían en castellano, porque el catalán era un idioma para pobres y sirvientes, decían. Algunos hermanos todavía dormían la juerga discotequera del viernes. Una familia típica… típica de cierta alta burguesía barcelonesa de los años setenta.

El diablo, Lucifer, Belcebú…

Según el Cox Gigas

Según Anii Dream

El whisky J&B

“Personaje” recurrente en la novela y en la saga

J&B, mi marca de whisky preferida, y las siglas por las que me conocían mis compañeros, JB, Jordi Brotons. Me sirvió la bebida en vaso corto y con dos hielos. A pesar de todo lo sucedido no me lo bebí de un trago como en las películas de Hollywood, aquel whisky merecía un respeto y los disgustos también hay que saborearlos; así se aprende que, tanto en la vida como en la muerte, los acontecimientos intempestivos son lo que nos separa del cielo o del infierno.

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